

Capítulo 8
CAPÍTULO 8: EL REFUGIO EN LA CUEVA
Tras el inesperado desenlace en el claro del tesoro, nos dirigimos a una cueva oculta entre los riscos de la isla. El doctor Livesey me explicó que Ben Gunn había encontrado el tesoro mucho antes de que llegáramos y, con paciencia y esfuerzo, lo había trasladado a aquel refugio secreto. Por eso, cuando el doctor supo la verdad, negoció con Silver para entregarle un mapa que ya no tenía valor y, junto con nuestros compañeros, abandonamos el fortín en busca de un lugar seguro donde escondernos cerca de la fortuna que ahora poseíamos.
Al entrar en la cueva, mi corazón se llenó de emoción al ver a mis amigos a salvo. Trelawney y el capitán Smollet me recibieron con una mezcla de alivio y reproche, pues había vivido demasiadas aventuras por mi cuenta. Smollet, con su tono severo, me recordó que era un joven valiente, pero demasiado indisciplinado para su gusto. Sin embargo, en el fondo, todos estábamos contentos de estar juntos de nuevo.
Silver también entró en la cueva, con su actitud cautelosa pero amigable. Sabía que la única manera de sobrevivir era volver a jugar bien sus cartas. Se mostró servicial, como en los primeros días del viaje, atento a todo lo que ocurría a su alrededor. Observé cómo intentaba ganarse la confianza de mis compañeros, aunque sabía que su lealtad nunca estaba del todo clara.
En un rincón de la cueva, iluminado por la luz tenue de las antorchas, se encontraba el gran botín de Flint. Un enorme montón de monedas doradas brillaba junto a lingotes de oro y cofres llenos de piedras preciosas. Era una visión deslumbrante que hacía olvidar por un momento todos los peligros y dificultades que habíamos enfrentado. Aquella noche, la cena supo mejor que nunca. Por primera vez en mucho tiempo, nos permitimos sonreír y relajarnos, disfrutando de la calidez de la cueva y de la sensación de haber vencido a la adversidad. Incluso Silver, sentado junto al fuego, parecía formar parte de la celebración, aunque no podía dejar de preguntarme qué pensamientos ocultos rondaban por la mente del viejo pirata.
