

Capítulo 5
CAPÍTULO 5: LA HAZAÑA DE JIM
Jim observó cómo el doctor Livesey salía del fortín con rumbo a la espesura de la isla. Por un momento, envidió su destino. En el fortín, el calor abrasador y la constante tensión de la batalla lo hacían sentir atrapado. Sus compañeros estaban agotados, y la sensación de peligro no desaparecía ni por un segundo. Fue entonces cuando una idea se formó en su cabeza, una idea tan descabellada como atrevida.
Sin pensarlo demasiado, llenó sus bolsillos con un puñado de galletas, tomó un par de pistolas y se aseguró de llevar suficiente pólvora. Su plan era peligroso, pero si tenía éxito, podrían inclinar la balanza a su favor. Se escabulló sin despedirse, deslizándose entre las sombras, alejándose del fortín en busca del bote que Ben Gunn le había ofrecido.
Avanzó con sigilo a través del bosque, apartando ramas y evitando hacer el menor ruido posible. Su corazón latía con fuerza, pero la emoción del peligro lo impulsaba a seguir adelante. Finalmente, llegó a la playa y, para su alivio, encontró el pequeño bote escondido entre las rocas blancas, tal como Ben Gunn le había dicho. Ahora venía la parte más difícil.
Mientras contemplaba la embarcación, una idea aún más audaz cruzó su mente. Si lograba llegar hasta La Hispaniola en la oscuridad, podría cortar sus amarras y dejar que la corriente la arrastrara hacia la orilla. Sin el barco, los piratas no tendrían cómo escapar.
Sin perder tiempo, empujó el bote al agua y remó con todas sus fuerzas. La pequeña embarcación giraba y se tambaleaba con cada ola. No estaba acostumbrado a remar y, si no hubiera sido por la marea que lo impulsaba, jamás habría llegado hasta el barco.
Finalmente, cuando estuvo lo suficientemente cerca, se aferró a la borda y, con la ayuda de su navaja, cortó las gruesas amarras. Observó con satisfacción cómo La Hispaniola comenzaba a desplazarse lentamente, a merced de las corrientes. El barco, sin control, derivaría y encallaría en algún punto de la costa, atrapando a los piratas en la isla.
Su misión cumplida, Jim volvió a su bote y remó de regreso, pero la noche había caído y la oscuridad lo envolvía por completo. Exhausto y con los músculos ardiendo por el esfuerzo, dirigió su embarcación hacia el fortín. No sabía qué le esperaba al llegar, pero tenía la esperanza de que su arriesgada acción cambiara el curso de la batalla a su favor.
